(miComunidad.com) El relato bíblico en Génesis 1:7–8 nos dice que en el segundo día de la creación, Dios formó el cielo, descrito en diferentes traducciones como “expansión” (ESV), “bóveda” (NVI) o “firmamento” (RVR). El Señor ya había creado el agua el primer día, pero ahora separa “las aguas de las aguas” mediante esta expansión. Con solo pronunciar Su Palabra, Dios habló y el cielo existió: “Y dijo Dios: ‘Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas’” (Génesis 1:6).
La palabra hebrea usada para “expansión” es raqia, que significa “superficie extendida” o el “arco visible del cielo” (Strong’s Exhaustive Concordance). Según el texto, el firmamento separó el agua que estaba “debajo” de la expansión de aquella que estaba “encima” de ella. Esta descripción parece aludir al ciclo del agua: por un lado, el agua que cubre la superficie de la tierra, y por otro, el vapor y las nubes que ascienden y se colocan sobre la atmósfera. Más adelante, en el cuarto día de la creación, Dios pondría las lumbreras —el sol, la luna y las estrellas— en esa expansión del cielo (Génesis 1:14).
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