(miComunidad.com) En Romanos, Pablo enfrenta un tema delicado: la relación entre judíos y gentiles frente al evangelio. Él enseña que todos han pecado, que la ley no puede salvar y que la justificación es únicamente por la fe en Cristo. Sin embargo, para evitar malentendidos, hace una afirmación clave: “¿Anulamos, pues, la ley por la fe? ¡De ninguna manera! Más bien, confirmamos la ley” (Romanos 3:31).
En tiempos de Pablo, como también hoy, algunos pensaban que si somos justificados por la fe, la ley ya no tiene valor. Pero el apóstol aclara que la fe no invalida la ley, sino que la coloca en su lugar verdadero. La fe no destruye la ley, sino que la afirma, porque en Cristo vemos su cumplimiento perfecto y en nosotros, una nueva manera de vivirla.
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