(miComunidad.com) Los argumentos cosmológicos buscan demostrar la existencia de Dios observando el mundo que nos rodea, es decir, el cosmos. Su punto de partida es simple pero profundo: las cosas existen. A partir de esa realidad evidente, se razona que la causa de la existencia de todo lo creado debe ser algo fuera de lo creado mismo, un “tipo Dios”. Este razonamiento no es nuevo; ya en tiempos de Platón se planteaban estas ideas, y a lo largo de la historia han sido desarrolladas por grandes filósofos y teólogos. Curiosamente, en el siglo XX la ciencia confirmó algo que los teólogos ya afirmaban: el universo tuvo un comienzo. Esto fortaleció aún más el peso de los argumentos cosmológicos, haciéndolos relevantes incluso para quienes no son filósofos.
Existen dos formas básicas de estos argumentos: la vertical y la horizontal. La forma horizontal es más sencilla de entender, y se conoce también como el argumento cosmológico kalam. Afirma que todo lo que tiene un comienzo debe tener una causa. El universo tuvo un comienzo, por lo tanto, debe tener una causa. Esa causa no puede estar dentro del universo mismo, sino fuera de él, y esa causa es Dios.
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