(miComunidad.com) El llamado argumento del “Dios de los vacíos” se refiere a una manera de percibir el universo en la cual todo lo que la ciencia ya ha explicado mediante fenómenos naturales queda fuera de la interacción divina, y lo que todavía no puede ser explicado es atribuido a Dios. En otras palabras, Dios se convierte en la explicación para los “vacíos” del conocimiento científico. De ahí surge el nombre: Dios de los vacíos.
La crítica principal contra esta postura es que, a medida que la ciencia avanza y logra dar respuestas naturalistas a más fenómenos, el papel de Dios va reduciéndose. Según esta lógica, el progreso científico debería hacer que las explicaciones sobrenaturales fueran cada vez menos plausibles.
Sin embargo, los avances científicos y tecnológicos de los últimos años han cambiado radicalmente el panorama. Gracias a herramientas modernas como los microscopios electrónicos de barrido, ahora podemos observar el funcionamiento intrincado de la célula. Lo que en el pasado se consideraba un simple “glóbulo de protoplasma” se ha revelado como una estructura increíblemente compleja y cargada de información. Lo que antes parecía sencillo, hoy sabemos que contiene un nivel de detalle imposible de explicar con procesos meramente materiales.
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