(miComunidad.com) Muchas iglesias en Estados Unidos colocan la bandera nacional en un lugar visible del templo. No hay nada intrínsecamente malo en eso: amar y respetar a la propia patria es natural y, en muchos casos, correcto. Pero cuando la bandera empieza a ocupar un lugar desproporcionado en la práctica religiosa, conviene detenerse y pensar. Mostrar un símbolo secular en la iglesia no es automáticamente pecaminoso, pero sí puede decir cosas que quizá no queremos comunicar.
La Escritura no prohíbe amar a la patria ni identificarse con ella; tampoco obliga a los creyentes a separarse de su nación. Sin embargo, la Biblia sí advierte contra darle a cualquier cosa —incluido un emblema nacional— el lugar que sólo corresponde a Dios. Honrar a las autoridades es bíblico (Romanos 13:7), pero cuando una insignia nacional se vuelve un foco de devoción o una marca que define la identidad religiosa del templo, estamos en terreno peligroso. La historia bíblica muestra ejemplos de objetos que pasaron de ser recordatorios a convertirse en ídolos (cf. Números 21:8–9; 2 Reyes 18:4).
Leer más
Debe iniciar sesión para leer el resto de este artículo. Por favor inicie sesión o regístrese como usuario.
