Uno de los relatos más sorprendentes y menos comprendidos de la Biblia se encuentra en Josué 10:12-14. Allí se nos cuenta cómo, en medio de una batalla crucial, Josué oró a Dios para que el sol y la luna se detuvieran, y Dios respondió a esa oración. Este evento no solo fue un milagro impresionante, sino también un acto de intervención divina en la historia humana.
La batalla sucedió contra los amorreos, un pueblo enemigo de Israel. La estrategia militar de Josué fue respaldada por la promesa de Dios de entregar a los enemigos en manos de Israel. Sin embargo, el día no alcanzaba para lograr la victoria total, por lo que Josué se atrevió a pedir algo humanamente imposible: que el sol se detuviera.
El texto bíblico dice: «Y el sol se detuvo, y la luna se paró, hasta que la gente se vengó de sus enemigos». Lo asombroso no es solo que el fenómeno ocurrió, sino que la Biblia resalta que «nunca hubo día como aquel». Esto indica que fue un evento único en toda la historia.
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