(miComunidad.com) El argumento ontológico para la existencia de Dios es único porque no parte de la observación del mundo, como hacen otros argumentos, sino que surge de la lógica pura. Mientras que los argumentos teleológicos y cosmológicos parten de la evidencia del diseño en la naturaleza o de la causalidad en el universo, el ontológico se centra en el razonamiento abstracto. Su fuerza y su debilidad residen precisamente allí: es un argumento que se mueve en el terreno de la mente más que en la experiencia.
El más famoso de estos planteamientos fue formulado por Anselmo de Canterbury en el siglo XI. Él expresó que Dios es “un ser mayor que el cual nada puede ser concebido”. Según Anselmo, existir es superior a no existir; por lo tanto, si podemos concebir al Ser más grande posible, este debe existir en la realidad, no solo en la mente. Dicho de manera más sencilla: si Dios es lo más perfecto que podemos imaginar, y existir es parte de esa perfección, entonces Dios debe existir.
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