(miComunidad.com) Es una pregunta curiosa y práctica: si ponemos mayúscula a pronombres por respeto a Dios, ¿no deberíamos rebajar el nombre del enemigo escribiéndolo en minúscula para mostrar desprecio? La respuesta honesta combina gramática con sentido común espiritual: mejor dejar que las reglas del idioma manden y no crear excepciones dramáticas.
Desde el punto de vista del lenguaje, Satanás es un nombre propio —como Juan o María— y por eso la ortografía estándar lo capitaliza. Ese uso no significa admiración; sirve para identificar claramente de quién se habla. Lo mismo vale para otros nombres bíblicos o títulos propios (Beelzebú, Lucifer en ciertas tradiciones). En cambio, palabras genéricas como diablo, maligno o príncipe de este mundo no requieren mayúscula salvo que empiecen una oración.
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