(miComunidad.com) En 1 Corintios 11 Pablo está corrigiendo prácticas de culto en la comunidad de Corinto —entre ellas, el uso del velo por parte de las mujeres— y, para cerrar el asunto, lanza una observación definitiva: “Si alguien quiere ser contencioso en esto, no tenemos tal costumbre, ni las iglesias de Dios” (1 Cor. 11:16). Con esa frase Pablo no inventa una regla aislada; está apelando a lo que era norma práctica en las comunidades cristianas extendidas por el mundo antiguo.
Cuando habla de “las iglesias de Dios” se refiere a las asambleas cristianas reconocidas como pertenecientes a Dios, no a una sola iglesia local sino a la red más amplia de comunidades que compartían la enseñanza apostólica. La intención es evitar que Corinto se crea con licencia para crear prácticas propias que rompan la unidad litúrgica y pastoral del movimiento cristiano naciente. Paul quiere mostrar que su instrucción no es un capricho personal sino algo coherente con la tradición comunitaria aceptada por la Iglesia en general.
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